En el desarrollo o implementación de
la innovación se llevan a la práctica las teorías y procedimientos
planificados. Es precisa la claridad de objetivos, la gestión de cambio y el
desarrollo organizativo, entre otros factores. Para Harvelock y Huberman (1980) , el desarrollo es
ajuste y adaptación, es la transformación en búsqueda de mejorar los modus operandi existentes. La última
etapa de evaluación implica analizar las consecuencias y efectos de la
innovación, en relación con el logro de los objetivos planteados desde el
inicio. También supone evaluar si el cambio final fue positivo o negativo,
justificando el proceso. Como menciona Fullan (1990) , es por último la
decisión de permanencia de los cambios o el descrédito de la innovación, que no
supone, por cierto, un “fracaso”, pues su sistematización adecuada permitirá
retomar y modificar lo que haga falta en el futuro.
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